Es tentador pensar en Cali cuando se quiere abrir una residencia artística o al referirnos a ella como un territorio para la creación o para la inspiración de artistas. Puede resultar Cali vista como una ciudad bastante afectada por el devenir de la historia en términos de progreso, pero al pensar Cali como un ecosistema natural nos encontramos con que es una ciudad que por su ubicación geográfica decanta en un lugar de ambientes predispuestos para la contemplación, para la tertulia, para el goce de perder el tiempo, actividades que le vienen bien a la vida artística o que dan permiso al ocio como materia prima fundamental del pensamiento.
Cali es una ciudad de alrededor de dos millones de habitantes ubicada cerca al pacifico colombiano. Cali ha sido reconocida históricamente por ser una ciudad abierta a manifestaciones culturales ajenas, como la salsa y el cine, además de ser un espacio de resistencia cultural y de una cierta cultura del pensamiento crítico como sentido común.
Cali tiene una luz lechosa; entre despejado y nublado, a veces amanece muy claro, con mucho sol que baña las plantas y los árboles y a veces muy a menudo se pone gris y todo se ve feo, como triste, como que la precariedad sale a relucir. Es feasible pensar en el sol como algo que produce la sensación de que las cosas están bien. Aquí hay sol en grandes cantidades, el sol que se hace picante, que “caneliza” la piel, a veces es mejor tirarse en frente de una piscina en Cali y no hacer nada.
Cali es un sueño atravesado por un río según dijo Eduardo Carranza, o mejor por siete ríos. El río es un elemento que unifica la cultura caleña, en Cali ir a río es una obligación, o mejor bañarse en el rio, el río es ese elemento natural espiritual que conecta al caleño con su ancestralidad, con su pasado, el río es esa música que el caleño usa para para hacer limpieza espiritual.
Cali es una ciudad de alrededor de dos millones de habitantes ubicada cerca al pacifico colombiano. Cali ha sido reconocida históricamente por ser una ciudad abierta a manifestaciones culturales ajenas, como la salsa y el cine, además de ser un espacio de resistencia cultural y de una cierta cultura del pensamiento crítico como sentido común.
Cali tiene una luz lechosa; entre despejado y nublado, a veces amanece muy claro, con mucho sol que baña las plantas y los árboles y a veces muy a menudo se pone gris y todo se ve feo, como triste, como que la precariedad sale a relucir. Es feasible pensar en el sol como algo que produce la sensación de que las cosas están bien. Aquí hay sol en grandes cantidades, el sol que se hace picante, que “caneliza” la piel, a veces es mejor tirarse en frente de una piscina en Cali y no hacer nada.
Cali es un sueño atravesado por un río según dijo Eduardo Carranza, o mejor por siete ríos. El río es un elemento que unifica la cultura caleña, en Cali ir a río es una obligación, o mejor bañarse en el rio, el río es ese elemento natural espiritual que conecta al caleño con su ancestralidad, con su pasado, el río es esa música que el caleño usa para para hacer limpieza espiritual.
Hay varias Cali en una: está la Cali de los años cuarenta, esa Cali vieja que llaman, que conserva muchos elementos coloniales en su arquitectura. Está una Cali que mimetiza o simplifica lo colonial para darle un aire modernista, en donde se fundaron barrios, la vida de barrios, en donde encontramos la Cali de acento marcado de los barrios que ahora son parte del comercio del centro, de las voces de los vendedores ambulantes, de las historia de los personajes del barrio, la Cali del barrio urbano está llena de almendros y acacias.
También existe una Cali mafiosa de narrativas violentas y de imágenes agresivas. Esa Cali se extiende también y se abre paso en la cultura popular e incluso a veces en el poder vemos esas figuras políticas viciadas por una estética narco, que incluso en el cripticismo de una arquitectura ha logrado desembocar.
También al mirar las calles encontramos una ciudad rota en su suelo, baches en sus calles que denotan el descuido de administraciones pasadas. Una política de lo fortuito, del momento, una ciudad de todos y de nadie, una ciudad del sálvese quien pueda, de la escuela corrupta, de la herencia mafiosa y quizás producto de la falta de una cultura austera, cotidiana, tranquila, sin tanto auge por lo superficial también dejan un paisaje a veces mísero, mundano, decadente y putrefacto.
Después, ahora hay otras Cali nuevas que aún no se consolidan como Cali, una Cali expandida por conjuntos residenciales, o una Cali más contemporánea que apenas se encuentra escribiendo una historia, o en donde las historias se escriben de una otra manera, nuevas maneras de narrar, nuevas formas de habitar el territorio aún consolidando una identidad.
La salsa como género musical nació en Cuba, es bautizada en la ciudad de Nueva York y más adelante, en los años ochenta trasciende a nivel mundial gracias a Colombia y a los países del Caribe, pero su espíritu se quedó a vivir en Cali. Cali adoptó la salsa como su filosofía popular. La salsa entró por Buenaventura y encontró en la negritud sus raíces. Fue en ese concierto de Richie Rey y Bobby Cruz el 26 de noviembre de 1968 en la legendaria Caseta Panamericana cuando sonó por primera vez en vivo Sonido Bestial, cuando Cali cayó anonadada profunda y eternamente a los pies de un género musical que junto a otros como el bolero se encargaran de sacar brillo a cuanta baldosa se ha puesto en la ciudad, harán del baile la prueba de fuego para encontrar el amor.
Existe en Cali una cierta contradicción en cuanto al arte: a pesar de ser una ciudad con una débil institucionalidad y ecosistema incipiente que hace casi utópica la sobrevivencia de artistas o su desarrollo, la ciudad tiene una atmósfera que al mismo tiempo la convierte en un lugar propicio para la creación y el pensamiento. Al revisar la historia podemos ver que Cali ha sido escenario de los más agitados periodos del arte en Colombia, no sólo desde la plástica sino incluyendo otras disciplinas como el teatro, la poesía y el cine. Hasta hace poco, me refiero al 2005, mientras Bogotá florecía con una vibrante escena motivada por la feria Artbo con una amplia oferta de galerías y un presupuesto generoso para las artes, los artistas Caleños seguíamos siendo el spotlight de la escena nacional, espacios como lugar a dudas, colectivos de artistas y figuras que lograron trascender al plano internacional marcaron la pauta en las últimas décadas del arte colombiano.
También existe una Cali mafiosa de narrativas violentas y de imágenes agresivas. Esa Cali se extiende también y se abre paso en la cultura popular e incluso a veces en el poder vemos esas figuras políticas viciadas por una estética narco, que incluso en el cripticismo de una arquitectura ha logrado desembocar.
También al mirar las calles encontramos una ciudad rota en su suelo, baches en sus calles que denotan el descuido de administraciones pasadas. Una política de lo fortuito, del momento, una ciudad de todos y de nadie, una ciudad del sálvese quien pueda, de la escuela corrupta, de la herencia mafiosa y quizás producto de la falta de una cultura austera, cotidiana, tranquila, sin tanto auge por lo superficial también dejan un paisaje a veces mísero, mundano, decadente y putrefacto.
Después, ahora hay otras Cali nuevas que aún no se consolidan como Cali, una Cali expandida por conjuntos residenciales, o una Cali más contemporánea que apenas se encuentra escribiendo una historia, o en donde las historias se escriben de una otra manera, nuevas maneras de narrar, nuevas formas de habitar el territorio aún consolidando una identidad.
La salsa como género musical nació en Cuba, es bautizada en la ciudad de Nueva York y más adelante, en los años ochenta trasciende a nivel mundial gracias a Colombia y a los países del Caribe, pero su espíritu se quedó a vivir en Cali. Cali adoptó la salsa como su filosofía popular. La salsa entró por Buenaventura y encontró en la negritud sus raíces. Fue en ese concierto de Richie Rey y Bobby Cruz el 26 de noviembre de 1968 en la legendaria Caseta Panamericana cuando sonó por primera vez en vivo Sonido Bestial, cuando Cali cayó anonadada profunda y eternamente a los pies de un género musical que junto a otros como el bolero se encargaran de sacar brillo a cuanta baldosa se ha puesto en la ciudad, harán del baile la prueba de fuego para encontrar el amor.
Existe en Cali una cierta contradicción en cuanto al arte: a pesar de ser una ciudad con una débil institucionalidad y ecosistema incipiente que hace casi utópica la sobrevivencia de artistas o su desarrollo, la ciudad tiene una atmósfera que al mismo tiempo la convierte en un lugar propicio para la creación y el pensamiento. Al revisar la historia podemos ver que Cali ha sido escenario de los más agitados periodos del arte en Colombia, no sólo desde la plástica sino incluyendo otras disciplinas como el teatro, la poesía y el cine. Hasta hace poco, me refiero al 2005, mientras Bogotá florecía con una vibrante escena motivada por la feria Artbo con una amplia oferta de galerías y un presupuesto generoso para las artes, los artistas Caleños seguíamos siendo el spotlight de la escena nacional, espacios como lugar a dudas, colectivos de artistas y figuras que lograron trascender al plano internacional marcaron la pauta en las últimas décadas del arte colombiano.
Cali es una ciudad de realidades paralelas que se sobreponen a lo cotidiano. Se vive entre la abundancia y la miseria, entre la exuberancia de la clase media y los espacios pequeño burgueses y la indigencia, el desempleo, la informalidad, la delincuencia callejera. Todo conforma un paisaje socialmente desequilibrado, algo hipócrita, desigual. El desplazamiento es parte de la vida de la ciudad, los semáforos son pequeños puntos comerciales en donde llega el desplazado a buscar sus primeros centavos o la contribución de la gente para ir encontrando su lugar en la ciudad.
El caleño tiene una forma de hablar relativamente suave, si se compara con el español o el argentino por ejemplo, incluso con otras regiones de Colombia.
En Cali podríamos considerar que existe una visualidad implícita en casi todo que se manifiesta a través del lenguaje, es parte de la jerga caleña de usar la palabra vé o mirá vé antes de una expresión en la cual se quiere señalar algo. También se usa la palabra oís, al final de ciertas expresiones en donde se quiere como signo de exclamación o admiración por ejemplo. ´Traé chaqueta que parece que va a llover oís¨.
El caleño tiene una forma de hablar relativamente suave, si se compara con el español o el argentino por ejemplo, incluso con otras regiones de Colombia.
En Cali podríamos considerar que existe una visualidad implícita en casi todo que se manifiesta a través del lenguaje, es parte de la jerga caleña de usar la palabra vé o mirá vé antes de una expresión en la cual se quiere señalar algo. También se usa la palabra oís, al final de ciertas expresiones en donde se quiere como signo de exclamación o admiración por ejemplo. ´Traé chaqueta que parece que va a llover oís¨.